Nada nos engaña mas que nuestros propios juicios.

Los que nos diferencia a los seres humanos de los animales es nuestra capacidad de hacer juicios, de inferir el futuro, aquí y ahora, tomando como punto de referencia el pasado y nuestra experiencia o conciencia de lo vivido. 

Lo juicios actúan en nuestra vida como una brújula que nos orienta en nuestro camino de perfección y búsqueda de nuestra razón de ser. 

Los juicios son fundamentos de elección y decisión. Evalúan y conectan desde el presente el pasado con el futuro. Nos permiten adentrarnos con criterio y seguridad (tienden a ser conservadores al fundamentarse en lo acontecido) en el futuro y dar sentido a nuestra existencia.

Los juicios de valor nos preparan y predisponen para la acción distinguiendo lo bueno de lo malo, lo aceptable como inaceptable, lo justo de lo injusto, lo bello de lo feo, lo sano de lo insano, lo fuerte de lo débil. Vivimos en un mundo lleno de juicios y son precisamente los juicios los que conforman la realidad ,en el sentido que es través de los juicios que nos hacemos de lo que vivimos y acontece como creamos nuestra realidad subjetiva.
Los juicios no sólo nos permiten interpretar la realidad, su verdadera grandeza es que sirven para crear una realidad nueva, posterior a la emisión de juicio. Lo que antes era, tras el juicio pasa a ser diferente a nuestros ojos, y si tenemos la autoridad y proporcionamos evidencias, a los ojos de los demás. Cuando emitimos un juicio sobre algo le atribuimos unas señas de identidad que transforman todo lo observado.

Dependerá precisamente de la autoridad o competencia que tengamos al emitir el juicio y de las afirmaciones que seamos capaces de mostrar facilitando evidencias de las mismas el que nuestros juicios sean fundados o infundados. Ahora bien una de las características de los juicios es que no son fundamentalistas. 

Si algo distingue a un juicio de una afirmación que ellos albergan espacios para la discrepancia. En ese sentido el juicio es respetuoso con los otros juicios y con la aceptación de las personas que emiten juicios diferentes a los nuestros como seres legítimos y legitimados para hacerlos.
Los juicios generan realidades subjetivas diferentes dependiendo de quien los emite. En ese sentido debemos caer en la cuenta que no hay verdades ni realidades absolutas. Mientras que la verdad es algo sustantivo que se basa en la fundamentación, la realidad es una expresión predicativa que atribuye por los juicios de valor cualidades éticas, morales, morales, estéticas? a nuestro entorno.
Pero no sólo se acaba aquí el tremendo poder de los juicios. En primer lugar ellos condicionan nuestra vivencia y estado emocional, surgiendo muchas veces las emociones como consecuencia de los juicios o interpretaciones que hacemos sobre las cosas que nos acontecen, predisponiéndonos o habilitándonos para unas u otras acciones que nos conducirán a los largo de la vida. Los juicios nos hacen tomar partido y nos comprometen a actuar.
Así mismo ellos hablan tanto o mas de la Persona o la Sociedad que los emite que del propio objeto o ser sobre el cual se vierte el juicio. Es por ello que se menciona la doble cara de los juicios. Una mira hacia fuera, al mundo exterior, al observado y otra hacia adentro, al interior de la persona, al observador. El juicio de existencia atribuye cualidades y conforma identidades al objeto, por diferenciarlo del sujeto que los elabora, pero también transforma y revela al ser que los emite.
Los juicios en tanto evaluaciones .respuestas y toma de conciencia frente a unos hechos que acontecen, se pueden considerar como acciones que nos van a permitir abrir o cerrar un universo de posibilidades en el futuro. Con los juicios me percato sobre mi entorno y sobre mi mismo. Son los juicios los que nos van a permitir adoptar unas acciones y prohibir otras en el futuro completando nuestro devenir como ser y dando sentido a nuestra vida.
Mencionábamos que los juicios conectan el pasado con el futuro. Ello implica que es nuestra toma de conciencia y propia evaluación sobre los acontecido con anterioridad la que nos hacer inferir nuestra visión futura de la vida. Pero no sólo nos servimos de nuestra experiencia personal, como seres sociales que somos la tradición, el contexto social y el sistema de valores imperante en nuestra cultura condicionan sobremanera nuestra visión del mundo y por ende nuestro ser siendo.
Este relativismo cultural hace que lo que es bueno para uno no lo sea para otro, que lo aceptable y justo en una Sociedad resulte tabú o prohibido para otros. Todo ello no conduce a señalar que si somos capaces de discernir en los filtros y distinciones que utiliza un sujeto al interactuar con el mundo, podemos conocer mucho sobre la persona, sus valores, creencias y estados de conciencia, que juzga el devenir de lo que acontece.
Hay que llamar la atención ahora de varias trampas que nos pueden tender los juicios. Señalábamos que constituían nuestra guía para avanzar en el futuro con criterio y seguridad, que servían para discernir, para dar sentido a nuestras acciones y en definitiva para luchar contra el libre albedrío y hacernos mas libres otorgándonos poder de decisión y elección.
Pero mucha veces no nos damos cuenta que en lugar de tener juicio y la capacidad de enjuiciar, son precisamente los juicios quienes nos tienen a nosotros. Esto sucede cuando nos llenamos de los que comúnmente llamamos ?prejuicios? o etiquetas mentales previas, que de forma irreflexiva nos asaltan y predisponen, sin contraste ni evidencia, para condicionar nuestras opiniones y respuestas convirtiéndolas las mas de las veces en reacciones estereotipadas e inconscientes. Realmente son estos valores en la sombra los que guían nuestra conducta de una forma cuasi autómata. La valoración que hacemos sobre el sexo, raza, ideología, poder,riqueza, etc? de las personas son tópicos que las mas de las veces están basados en estos juicios automáticos e irreflexivos de los que echamos mano como pre clasificación y atajo convirtiéndonos en víctimas inconscientes de los mismos
Otra trampa que podemos caer cuando nos referimos a los juicios es creer que estos son universales e inmutables. Me refiero a lo equivocado de su generalización en el tiempo y el espacio. Cuando se emite o se escucha un juicio este se formula aquí y ahora. Se circunscribe a un determinado ámbito o faceta de la vida y su validez queda comprometida cuando se extiende a otros dominios. Cuando decimos que fulano o zutano es un desastre debemos de acotar y precisar en que disciplina o ámbito lo consideramos así. Un juicio puede tener validez en un determinado ámbito y en otro no.Por otro lado, pensar que los juicios son inmutables es anclarse en el pasado negar la posibilidad de cambio y aprendizaje, es confundir la esencia con la existencia o lo que es lo mismo el ser (o siendo)con el estar (estando). Aunque esto es un flujo sistémico y recurrente entre existencia y esencia.
Hemos visto que los juicios son actos lingüísticos necesarios para justificar y orientar nuestra existencia, ello hace que para ser personas independientes y autónomas necesitemos formular nuestros propios juicios y no vivir instalados en los juicios ajenos, coloreando nuestra existencia en base a los opiniones que tengan los demás sobre lo que sucede y peor aún sobre nosotros mismos. Esta forma de comportarnos además de atentar contra nuestra autenticidad como personas nos convierte en esclavos de los demás y nos vacía de toda autoestima, dándoles el poder sobre nuestra vida y descargando la responsabilidad de juzgar y juzgarnos en cabeza ajena.
Tan malo como lo anterior es vivir en un mundo onírico y fantasioso en el que hemos perdido el juicio, es decir la capacidad para fundamentar nuestros juicios, bien por situarlos fuera del contexto social o ilusión colectiva imperante o por tener desajustado nuestros parámetros de valoración o medida. Ello lleva a muchas personas a ser incapaces de evaluar adecuadamente lo que sucede a su alrededor, no pudiendo conducir acertadamente, sus vidas . Viven en un mundo para ellos arbitrario y sin sentido. Su propia incapacidad para fundamentar los juicios hace que tengan dificultades para interactuar en el mundo convirtiéndose en víctimas de su propio destino.
Como hemos visto estamos inmensos en una realidad subjetiva que se va transformando a medida que van cambiando nuestros juicios y ellos nos cambian a nosotros. A veces se nos escapa la importancia que ello tiene ya no somos conscientes que vivimos en un mundo interpretativo que condiciona nuestros sentimiento, emociones y acciones. Mundo abierto a las interpretaciones que hacen otras personas coexisten con nosotros. Ello implica necesariamente vivir en el relativismo y dejar un espacio para la tolerancia y aceptación de lo ajeno y diferente.

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