Objetivo entrevista: No falles

No hay segundas oportunidades en la primera impresión que causamos en alguien. El 90% de la idea que los demás se hacen de nosotros tiene lugar en el transcurso de los primeros cuatro minutos de contacto. También que entre el 60% y el 80% del impacto que generamos no es de carácter verbal. Es por eso que, en las entrevistas de trabajo, por encima de factores objetivos como el currículum o las referencias, lo que más suele inclinar la balanza es la impresión que el candidato causa al entrevistador. 

Un apretón de manos convincente o una mirada sin suspicacia pueden ser claves. En el Manual de la Imagen Personal de la Escuela de Empresa y Comunicación BAi, Javier Castro es muy claro: “En los negocios, tú eres la marca y tu apariencia, el logotipo”. Y no olvidemos que, en la apariencia, la gestualidad es algo que nos define: un simple gesto nos puede abrir las puertas o empujar a que tachen nuestro nombre de la lista. ¿Y podemos dominarlos? Lo primero es ser conscientes del valor que cada gesto arrastra consigo. 



El saludo 

Todas las señales corporales que hoy entendemos como una convención social, en realidad tienen una explicación. Sin ir más lejos, el apretón de manos se remonta a la antigüedad y era una forma de demostrar que no se portaban armas. Con el tiempo, este gesto se ha convertido en una estereotipada señal de saludo y buena disposición, aunque, eso sí, no hay dos apretones de manos iguales. Por ejemplo, a la mujer que da un apretón firme se la suele ver de inmediato como una persona de mentalidad abierta, lo que hace que genere buena impresión. 
Una manera sencilla de transmitir el dominio de la situación es girando suavemente la mano, en el momento de entrechocarla, de modo que la palma quede mirando hacia abajo. Si, por el contrario, lo que queremos transmitir es absoluto respeto hacia nuestro interlocutor, lo mejor es que las palmas queden alineadas en vertical. Es muy importante aplicar la misma presión que se recibe: unos dedos fláccidos nos retratarán como alguien inseguro; y, al revés, estrujarle los huesos al otro devolverá una imagen autoritaria. Lo que se conoce como el apretón doble (estrechar con ambas manos la que se nos ofrece) se interpreta como un abrazo en miniatura, que no es apropiado si no hay confianza.

La entrevista 

Lo más habitual es que haya una mesa de por medio entre el entrevistador y el candidato. Un gesto muy común es apoyar los codos sobre la mesa uniendo en alto las manos, algo que demuestra una actitud reprimida, ansiosa o negativa. Si no podemos evitarlo, lo mejor es que adoptemos la postura del campanario (los dedos de una mano presionando los de la otra hasta formar una especie de triángulo), ya que esto indica una actitud de confianza y seguridad. 

Los brazos 

Algo que siempre deberemos evitar es el cruce de los brazos. Da a entender que no estamos de acuerdo con lo que se nos comunica o que no tenemos una actitud demasiado participativa. Las mujeres suelen mantener los brazos más abiertos cuando están con un hombre que les atrae, mientras que los suelen cruzar sobre el pecho cuando no les interesa lo que les están contando. Para evitarlo, es bueno que sujetes algo con las manos (un bolígrafo, un llavero, unas gafas) y juega con ellos. 

Los pies 

Lo primero que debemos advertir es que mover mucho los pies es un intento del cerebro por huir del momento que se está viviendo. Las piernas y los pies muestran el compromiso de una persona a seguir con una conversación o a darla por terminada lo antes posible. 
Por otro lado, el cierre de tobillos (la postura en la que los pies se retiran debajo de la silla) refleja una actitud retraída, en la que impera el miedo. 
Las piernas enroscadas, en las que un pie se cierra en torno a la pierna opuesta, son características de personas tímidas e introvertidas. En el caso de las mujeres, piernas cruzadas y en paralelo transmiten feminidad, seguridad y aplomo, una postura muy recomendable en entrevistas. 

 Cómo vestirse para una entrevista de trabajo

La cabeza

Uno de los gestos que solemos aplicar con mayor inconsciencia es el de afirmar con la cabeza.Aquí la velocidad que apliquemos puede ser capital. Asentir lentamente comunica que estamos interesados en lo que se nos está diciendo, mientras que lo contrario revela impaciencia. 
Hay que tener también en consideración cómo colocamos la cabeza. Si la levantamos en exceso es muy difícil que no piensen que miramos por encima del hombro. Tampoco conviene ladearla o inclinarla excesivamente, ya que transmitiremos una señal de sumisión o enfado. Ni que decir tiene que la persona que se encoge de hombros se empequeñece a la vista de su interlocutor. 

La mirada 

Siempre nos va a retratar de una manera o de otra. En su libro “El lenguaje del cuerpo”, los expertos Allan y Barbara Rose distinguen tres tipos de miradas, según se apliquen éstas a un entorno social, íntimo o de poder. Cuando fijamos los ojos en el triángulo facial comprendido entre los ojos y la boca de la otra persona, estamos aplicando una mirada neutra, social, por la que siempre se nos percibirá como interlocutores no agresivos. En cambio, si el triángulo se amplía a la zona entre los ojos y el pecho, demostraremos interés y lo más probable es que sea la antesala de una seducción. La que estos autores denominan mirada de poder se focaliza entre los ojos y la frente, y tiene un claro valor intimidatorio. 
En una entrevista debemos tratar de mantener siempre una mirada apacible y prolongada, que transmita seguridad, pero también comodidad con la persona que tenemos enfrente. 

La sonrisa 

Las falsas se detectan con más facilidad de lo que nos pensamos. Está demostrado que, cuando un mentiroso sonríe, se le pronuncia más el lado izquierdo de la comisura labial. En una sonrisa auténtica y sincera los hemisferios cerebrales instruyen a ambos lados de la cara para que actúen con total simetría. 
Otro gesto muy sintomático de quien no es sincero es sonreír con los labios en tensión, mientras que lo que conocemos como sonrisa torcida no transmite más que un único mensaje: sarcasmo. 

Al salir 

Una práctica que empieza a extenderse en estos contextos es la de continuar la entrevista en un bar o local público. Suele ser una iniciativa que toma el seleccionador cuando advierte que el candidato está demasiado rígido. Cuidado con relajarse entonces: el gesto, por ejemplo, de dónde dejamos la taza de café nos puede traicionar. Alguien que se sienta dudoso o inseguro lo más probable es que la coloque en el lado contrario de su cuerpo, formando una barrera con su brazo. Por el contrario, si queremos mostrar una actitud abierta, dejaremos la taza en el mismo ángulo del brazo que utilizamos para cogerla. 

Otros gestos 

La credibilidad que nos esforzamos en transmitir se pone en entredicho a la primera de cambio por gestos como tragar saliva compulsivamente, un parpadeo demasiado rápido, taparnos la boca al hablar, frotarnos el ojo cuando se nos interpela o la nariz al responder, tirar constantemente del cuello de la camisa… 
A veces no son más que microgestos, respuestas instintivas que nuestro cuerpo exhibe como un modo de protección ante una situación tensa o incómoda. En la mayoría son situaciones que pueden pasar desapercibidas, pero una persona observadora verá más de lo que podamos intuir a simple vista. 

DECÁLOGO BÁSICO EN UNA ENTREVISTA DE TRABAJO 

1. Nos quitaremos el abrigo y permaneceremos de pie (¡prohibido sentarse!). La postura idónea es con las manos cruzadas a la espalda, ya que denota confianza.

2. Nada de quedarse en la puerta: entraremos al despacho con decisión, sin arrastrar los pies.

3. Nos acercaremos confiados a estrechar la mano del entrevistador. Tras esto, tomaremos asiento.

4. El apretón de manos. Giraremos levemente la palma hacia abajo y devolveremos la presión que recibamos.

5. Cruzaremos las piernas en una postura cómoda y sobria a la vez. No mover los pies como si estuviéramos siguiendo el compás de una música muda.

6. Al hablar, trataremos de acompasar nuestras palabras con suaves movimientos de las manos. Evitaremos colocar los codos sobre la mesa.

7. Fijaremos la mirada entre los ojos y la boca de nuestro entrevistador, sin ladear ni subir o bajar en exceso la cabeza.

8. Seremos cordiales pero sin que parezca que nos tomamos todo a risa. Intentaremos dar una imagen seria (que no antipática).

9. Al salir, estrechamos de nuevo la mano y, al llegar a la puerta, nos despediremos con una leve sonrisa.

10. Si hay café, trataremos de no relajarnos y colocaremos la taza en línea con el brazo que empleemos en cogerla y dejarla.

Y para terminar poniendo un poco en práctica todo lo que hemos visto, qué mejor que un fantástico vídeo de una ‘tipica entrevista de trabajo’
Como siempre, desde mecoach e Isara os podemos orientar y ayudar en todo aquello que necesitéis.

Recopilado por el Equipo de mecoach
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